¿Aborto?

¿Aborto?

| 06:19 am

 

 

Les dejamos un artículo del doctor Robert Lafontaine, en el que el especialista en gestión en salud plantea que es una ironía plantear que la legalización del aborto va a propiciar equidad en el ejercicio de los derechos negados a la mujer, y “menos que va a revertir la mortalidad materna”
Les dejamos el artículo completo:

Aborto terapéutico, concepto usado para justificar la interrupción del embarazo por razones extrínsecas a su evolución, o más bien, aquellas que obedecen a criterios sociales totalmente independientes a factores vinculados a la seguridad de la madre y el niño antes de concluir las treinta y ocho semanas de gestación.

Inferido de la Declaración de Teherán, documento con el que concluye la Primera Conferencia Internacional de los Derechos Humanos de la OMS, efectuada en el año 1968, en la que se reconoce por primera vez, luego de ser sometido por el movimiento pro control de la natalidad, el derecho de las parejas a limitar el número de hijos.

Años muy convulsos, en efecto, de gran actividad del movimiento por la paz en oposición a la escalada de la guerra de Vietnam y del movimiento feminista, en rechazo a la discriminación de la mujer para ejercer sus derechos por razones de género; por ello es natural que ocurriera una variación en la rigidez de los códigos de las relaciones interpersonales, haciendo más liberal la misma entre las parejas en los llamados países del primer mundo.

Estás corrientes de influencias impactan a un mundo subdesarrollado en ebullición, por el descontrolado crecimiento de sus ciudades debido al flujo migratorio rural urbano. El hábitat rural, donde se desarrollan las personas, se transforma en el amplio y denso territorio en la periferia del mundo urbano, lugar donde las generaciones pierden el control de la descendencia en medio de la insalubridad característica por la carencia de servicios básicos y servicios públicos indispensables para hacer posible el supremo derecho a la vida y el desarrollo humano, culmen del derecho consustancial a la dignidad de la persona, entre estos el derecho fundamental a la salud, para el caso, la salud sexual y reproductiva.

Las consecuencias inmediatas son el embarazo no deseado, la proliferación de enfermedades de trasmisión sexual y, como es natural, el aumento de presión de las diferentes organizaciones sobre el estamento de salud para lograr la variación de los supuesto necesarios para indicar la interrupción del embarazo por causas extrínsecas a la evolución segura para la existencia de la madre y el niño.

Para lograr el objetivo, la campaña mediática ha sido tan intensa que personalidades del campo de la salud, sociedades médicas especializadas, el Colegio Médico Dominicano entre otros sectores de la vida nacional han cedido a la misma a pesar de los supuestos de salud establecidos en base a los avances de la ciencia y de los aportes de la medicina basada en la evidencia.

Ya, ese periodo de nueve meses requerido para el desarrollo de un ser único en la historia e irrepetible en el futuro, producto del traspaso del material cromosómico entre el óvulo y el espermatozoide y que a la quinta semana de evolución ha desarrollado los sistemas y órganos que lo asemejan a otros seres de la especie humana, representa un estorbo, por lo que su interrupción pasa a ser un aspecto nodal para el desarrollo de los derechos civiles de la mujer emancipada del siglo XXI.

El profesional de la medicina, formado para monitorear la evolución del proceso fisiológico del embarazo e intervenir cuando las desviaciones del mismo ponen en riesgo la vida, se ve presionado a ampliar los supuestos para interrumpirlo a partir de los factores sociales, obviando la relación riesgos beneficios a tener en cuenta cuando se valora toda intervención al paciente al prestarle un servicio de salud.

Los beneficios pretendidos con la legalización del aborto de disminuir la mortalidad materna y propiciar el ejercicio de los derechos de la mujer de participar en el proceso productivo en igualdad de condiciones con su par genérico, es improbable lograrlo con una medida que no impacta directamente en los condicionantes sociales adversos de salud producto del injusto modelo de producción que caracteriza al mundo de la postmodernidad. Podrá ser sana la intención, pero se convertirá en el poder legalmente adquirido para arrebatar el supremo derecho a la existencia de los que están en situación de vulnerabilidad por no haber completado el ciclo evolutivo en el vientre materno.

Para inferir los riesgos, solo basta con observar la mortalidad al año de las mujeres que han interrumpido el curso del embarazo, después de analizar más de nueve mil casos, un estudio financiado por los gobiernos de Finlandia y los EEUU demostró que las mujeres que abortan tienen cuatro veces más posibilidades de morir que las que siguen el curso normal del embarazo.

Este comportamiento ocurre por causas que van desde complicaciones propias del aborto hasta suicidios por la profunda depresión a que las lleva la decisión tomada, lo que explica que los países donde el aborto se efectúa legalmente, este pasa a ser una de las primeras causas de mortalidad materna. Existe suficiente evidencia clínica disponible para asegurar que completar el ciclo evolutivo del embarazo, cuando no hay indicador de riesgo para la vida, es más beneficioso para la salud de la mujer y el niño.

La denegación de los derechos a la mujer tiene sus raíces en la injusticia estructural del modelo de producción y distribución de riquezas, el mismo le restringe el desarrollo de capacidades necesarias para usar todo el potencial humano para la construcción del bienestar que le permite vivir en democracia, son las mismas injusticias que propician la insalubridad sexual y reproductiva, en fin, las mismas que propician la atención a su salud en centros clandestinos por no poseer las condiciones mínimas de habilitación para proporcionarle una atención integral, segura y de calidad a su salud en general y al seguimiento del ciclo evolutivo del embarazo en lo particular.

Por esta razón, no es de extrañar que la reproducción se convierta en una odisea hacia la muerte evitable. Por lo que es una ironía plantear que la legalización del aborto va a propiciar equidad en el ejercicio de los derechos negados a la mujer y menos que va a revertir la mortalidad materna, más bien nos llevará a engrosar la lista de los países, que además de denegarle a los más pobres el desarrollo de las capacidades para vivir dignamente, les conculca a los más vulnerables el derecho supremo de la existencia.

Todo está dicho, solo resta pedirle a Dios que ilumine la decisión de los señores senadores y, de ser necesario, que conduzca la pluma del ciudadano Presidente de la República.

Por Roberto Lafontaine

 

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